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  • Primera página

    En un mundo lleno de inteligencia artificial, quiero darle a mi mente la oportunidad de ser creativa públicamente. Cada pensamiento, cada acción, cada movimiento nos permite expandir las cualidades que nos definen. Hoy en día, estamos constantemente enfrascados en un modelo que solo nos permite consumir contenido.

    Como médico, quiero ser capaz de impartir ideas y compartir conocimiento que beneficie a personas que, aunque no estén físicamente cerca, tengan dudas o problemas que resolver. Cuando pensamos en problemas, a menudo los asociamos con pacientes, dolencias y dificultades que, de una u otra forma, debemos ayudar a solucionar. Pero, ¿es realmente solo eso lo que podemos hacer? Como médicos, muchas veces nos enfrentamos a desafíos que requieren soluciones desde el punto de vista tecnológico. Quiero enfocar mi mente en resolver aquellas situaciones donde la tecnología aún no ha logrado llegar.

    Hoy escribo sin pensar demasiado; simplemente intento ejercitar el músculo de la creatividad.

    Cada fase del proceso de atención de un paciente involucra la creación de contenido. Desde la valoración en el área de triaje hasta la emisión de una receta o prescripción médica, es el médico quien, aplicando su juicio y elaborando un diagnóstico, toma la iniciativa para aliviar la dolencia del paciente. Al analizar estas dinámicas en países en vías de desarrollo o subdesarrollados, nos damos cuenta de que, muchas veces, el problema se aborda de manera inmediata y, en gran medida, se resuelve desde el primer contacto. Sin embargo, esta interacción no siempre es exitosa. A menudo surgen problemas imprevistos: tal vez el médico no tenía suficiente experiencia en la patología, quizá el paciente no supo explicar su dolencia, o el interrogatorio no fue efectivo. Siempre existe la incertidumbre, el quizás, merodeando en el ejercicio médico. Y es mediante la repetición constante y la práctica continua que la habilidad se desarrolla.

    En muchas ocasiones he escuchado la frase: no es lo mismo estudiar medicina que ejercerla. Como si fuese un instrumento musical, muchos médicos hacen esta analogía para describir lo que implica ser un buen profesional de la salud. El buen médico escucha, observa y ejecuta planes que resuelven, orientan y ayudan tanto al paciente como a su familia. Como un hábil violinista es capaz de leer la partitura que se le presenta en forma de paciente y, en una sincronía casi perfecta, diagnosticar sin siquiera necesitar exámenes paraclínicos. Al solicitar estudios, solo busca confirmar las hipótesis que ha formulado.

    Ahora bien, la pregunta central de esta primera página es: ¿cómo podemos hacer que esa habilidad sea replicable en todos los médicos que anhelan convertirse en virtuosos? ¿Cómo podemos generalizarla? ¿Podemos crear un robot con la misma empatía? ¿Automatizarlo todo hasta convertirlo en una simple máquina? ¿O hay algo en el contacto físico, en la sonrisa del médico, en la escucha atenta que jamás podrá ser reemplazado?

    En este inicio, no sé qué depara el futuro, pero me encantaría contribuir en la creación de herramientas que ayuden a los futuros doctores a alcanzar la excelencia.

    Desde 2017, he navegado por múltiples océanos de conocimiento, buscando el faro que me permita seguir avanzando. Hoy, el puerto seguro parece estar a la vista. En el intermedio, debo persistir en la búsqueda de la creación y la iluminación. Quizás no podamos aprenderlo todo, pero si mantenemos el corazón abierto, podremos reconocer y aprovechar las oportunidades que surjan en el horizonte.

    Hoy, 1 de febrero de 2025, inicio el recorrido hacia la iluminación, pero también el camino de la creación. No podemos tener una vida sin propósito ni sin creatividad. Nuestra huella en el presente está absolutamente conectada con las acciones que decidamos hacer públicas y tangibles. Que esta sea la primera página de muchas ideas por venir.

    Mi objetivo es escribir 800 palabras diarias mientras me sea posible. La libertad que tenemos hoy en día es un privilegio que valoro profundamente y que me permite seguir perfeccionando lo que aún debemos crear. Durante los últimos cuatro meses, he estado estudiando y apoyando a mi esposa en el proceso de convertirnos en padres. La creatividad es una parte esencial de mí, algo que he cultivado en diversas oportunidades.

    Tal vez este sea el micrófono que anhelaba para expresar las palabras que llevo dentro. Como si mi mente fuese una guitarra que no está acostumbrada a seguir la partitura, pero que, con tenacidad y capacidad, se dispone a escribir todo aquello que surge desde lo más profundo de mi ser. Desde donde nacen las ideas más puras y poderosas. Desde donde el fuego de la mente permanece claro e irrestricto, donde el poder de las posibilidades es ilimitado y donde el fuego de nuestros sueños sigue ardiendo.

    Hoy, me enfrento a las puertas del destino con toda la energía necesaria para encarar el futuro que está por venir.

    Dr Gabriel